RELATO

Foto archivo: Sergio Santiago

Sergio Santiago Rivera

 

SAN DIEGO DE LA MAR

TERCERA  PARTE

 

Primavera de 1910, dos años después del hallazgo del fantástico yacimiento de hidrocarburos conocido como La Faja de Oro. En el parlamento inglés, Weetman Pearson fue “bautizado” como el “diputado por México”, quizá haciendo alusión a la clara injerencia en asuntos internos del país, pero, de lo que no hay duda, fue la entrega al servicio del Reino Unido, de la colosal riqueza de hidrocarburos, descubierta en tierras de la Huasteca Veracruzana. Como consecuencia, durante las siguientes tres décadas, el yacimiento sería explotado bárbaramente a través de miles de pozos de producción sin resistencia alguna, y así de esa manera, hasta agotar al yacimiento de todos sus recursos energéticos.

Mientras acarreaban con todo, frente a nosotros, Weetman Pearson nos veía como un pueblo a su servicio, como señal está su escudo de armas. En el diseño del escudo, destaca la figura del trabajador mexicano complaciente, y como símbolo del origen geográfico del asombroso yacimiento descubierto, luce un sarape incoloro hasta la altura de las rodillas, que permite ver el pantalón de manta pegado a las piernas. De piel morena y estatura regular, cubre su cabeza con un sombrero de palma de copa alta. Es la figura del hombre trabajador del campo mexicano; está ahí, involuntario, en ese escudo de armas. Lo vemos como a una persona de condición social baja diferente a nosotros, es decir, de ninguna manera nos vemos en él. Sin embargo, la figura del peón mexicano, en el escudo de armas, nos representa a todos, nadie se escapa. Es el lugar que ganó como un reconocimiento, quizá, a la obediencia; sólo cumplía con su trabajo, indiferente a los motivos o utilidad del preciado líquido. El peón mexicano, sostiene un estandarte con la ideología de Weetman Pearson. Arriba del estandarte descansa una corona de oro con nueve esferas de plata y piedras preciosas, y encima de la corona, un yelmo excesivamente adornado con hojas de acanto de color oro y carmesí, que se acomodan hacia ambos lados del casco. Más arriba del adorno del yelmo, un águila con las alas entreabiertas.

Pero no todo es triste, también tenemos momentos de admiración en la historia del petróleo, que no debemos de olvidar, un ejemplo digno de ser recordado fueron las palabras del general Cárdenas, previas a la declaración de nacionalizar el petróleo: “El petróleo, en manos de las compañías extranjeras, ha sido un freno para el desarrollo de México, que prefiero destruir”. Lázaro Cárdenas formula una postura disuasiva, previa a su decisión de frenar la intervención extranjera. Hay en Lázaro, una conciencia clara del mundo que enfrenta, pero también, hay una conciencia en libertad, que le permite tomar decisiones. Es el pensamiento de una sociedad que se proyecta hacia el mejor de los mundos posibles, que va tomando acciones que trascienden a través del tiempo y que son dignas de guardarse en la memoria. Al hacer actos memorables, nos vamos dando forma como una sociedad unida. Esa forma es nuestra realidad, esa realidad es lo que somos (o, lo que éramos).

Cuando el peón mexicano decide tomar posesión de su petróleo, elige como proyecto la libertad de tomar sus propias decisiones. Recordemos que hay una intervención extranjera en la vida del país, ésta es tan brutal que el general Cárdenas expresa que prefiere destruir los pozos petroleros.

La libertad es el proyecto más importante para el hombre, es el fundamento de todo lo que quiere ser.

Para finalizar este relato, concédame una pregunta más: ¿Fue nuestro pasado histórico detonante de la rebelión petrolera? La respuesta debería ser, sin la menor duda, si tomamos en cuenta que la historia de un pueblo, así como sus creencias, costumbres y tradiciones, representan el tejido social que tiene que ver con los valores y principios que compartimos con los demás. Esas relaciones que se construyen entre sí, son lo que da cohesión y estabilidad a la existencia de una comunidad, y no es, de ninguna manera, una colección de intereses personales, anécdotas o vivencias sin importancia, sino, el pasado memorable repleto de acciones compartidas que se van divulgando de persona a persona en una secuencia de sucesos relacionados. Esta narrativa (generalmente detallada) de la historia, las costumbres y tradiciones, determinan de manera importante la forma final de una sociedad.