LAS BATALLAS DEL PAQUIDERMO

Foto de Joe Dimaggio de Internet

Cynthia Rodríguez Leija

 

RUMOR DE AGUA

…y domésticos o rurales
discurren los otros rumores
de la mañana pueblerina,
leves, como el agua que corre…
José Juan Tablada, “El alba en la gallera”

 

 

Estamos trasmitiendo en vivo desde el parque La Junta de los Tecolotes de los Dos Laredos, donde se disputarán el quinto de la serie en esta recta final por el campeonato de la liga; los Tecolotes tienen una ventaja de tres juegos contra uno sobre los Diablos Rojos del México, de modo que esta noche puede definirse el nuevo campeón del torneo, vemos también por ahí a Alfredo ‘Zurdo’ Ortiz. El estadio está abarrotado. Ya tenemos en la loma de lanzamiento a Gilberto Lara por los Diablos Rojos, quien viene con un juego ganado por 10-0 a los Tecolotes.

Al micrófono, los saluda su servidor, Jesús Franco García; cerveza Corona le lleva a usted estas transmisiones… ¡La cerveza es… Corona!. ¡Vamos contigo Kid Alto y tus comentarios!

La radio no deja de sonar. Hay un cascabeleo en esa voz antigua que me martilla la cabeza cada noche; para Gallo no hay nada mejor que escuchar su Philco de madera y taladrar todo el día en la carpintería. La tarde tuvo un azul cobrizo, un vago señuelo en los pájaros muertos de la mañana. La puerta cerrada no es suficiente para escapar del tintineo de la olla a presión que Gallo me regaló por haber aceptado bautizarme en la Iglesia del Nazareno. ¿Qué nombre tiene el viento que decidió llevarme hace tanto, cuando las piñas frescas se rebanaban en la mesa de mi madre? ¿Qué nombre tiene aquello que endulzó la memoria, que almibaró los campos de Linares, que refrescó las calles con una lluvia peregrina?

Marcia apenas puede caminar, la fábrica de Transitrón la dejó con sordera y con un país asesino en la mirada. Marcia cargará con nosotros el resto de sus días. ¿Y si muere antes? Gallo no ha pensado en eso, ¿o sí? Con Gallo nunca se sabe, un día es católico y otro protestante. Marcia observa los juncos desde la ventana. Marcia no volvió a escuchar su nombre, esa ‘eme’ que cabalga con la ‘ere’, ese nombre que coronó a la abuela nacida en el Ogarrio, ese nombre que dejó de ser arrullo por el empeño de no pronunciarse.

¡Play ball! Da inicio el partido, al bate Roberto “Bobby” Rodríguez. El pitcher lanza la primera bola, ¡strike!. Se prepara Víctor García quien tiene 1.75 de porcentaje en carreras limpias; García anotó en la tercera entrada del segundo encuentro. ¡Lanzamiento!, ¡Bola baja! Ahora tiene 1-1; Kid Alto estamos contigo desde la transmisión en vivo y en directo.

Me iría mañana mismo, mañana que el rencor sea de pan horneado y ciruelas frescas, mañana cuando esta silla mecedora deje de gastar la punta de mis zapatos, me iría mañana como quien se va remando en la arena húmeda, como quien se va con el aleteo temeroso de las palomas inflamadas de los parques públicos, así.

¡Lanza la bola! Elevada al jardín central, va a caer el primer out y vendrá a batear Víctor García… ¡Out!

Desde aquí se ven los muebles inundados de polvo, un polvo inocente y necio cargando la distancia más desconocida, un polvo que con toda su destreza reposa sobre una caja musical que a nadie importa, un polvo rasgado por un sonar vago que repite cada dos minutos un nuevo comienzo. Un polvo que será espada, que será barco reposando en el fondo de una epopeya.

Ya no recuerdo quién trajo qué a esta casa, todos los días voy olvidando algo; la rutina del vaso con agua y la alacena donde los medicamentos han sustituido a los frascos de conservas.

Tres bolas y dos strikes para el veterano Felipe “brazo fuerte” que se encuentra en la caja de bateo. Viene el lanzamiento ¡Abanica! ¡Ponche! 5-0 el marcador a favor de los Diablos Rojos del México y con esto los Tecolotes se alejan de la posibilidad de convertirse esta noche en campeones de la Liga Mexicana del Béisbol.

Pobre Gallo, no tiene más remedio que dormir solo, trabajar solo, levantarse temprano para estar solo. Ha de sentir la soledad en cada puño frotado de aserrín, en los pulmones frotados de aserrín, en las uñas, en su paso que se alejará con la prisa de un rezo de domingo. Pobre Gallo, ahora se la pasa rezando; va y viene entre cenizos y nopaleras cargando ese libro que dice, le dará el perdón. El perdón pesa demasiado, huele a madera, tiene manchas de café y letras pequeñas; el perdón descansa en las hojas de arroz, en las plagas, en la saliva ocasional.

Pobre Gallo, pensó que me quedaría para siempre bajo el manzano a esperarlo, pero nunca me gustó ese sitio para la mecedora, la arcilla ahoga el balanceo y la punta de mis pies se convierten en dos terrones rojizos. Pobre Gallo, no tiene más remedio que llegar a casa. Llegar a casa es su único remedio.

Jesús Franco García al micrófono desde el palco de transmisiones de Stereo 91, el lugar de la música bella. Viene Jorge Roque a batear, estamos en la quinta entrada con los de casa. Tiro hacia home y ¡sale el efecto de la pelota! ¡se va, se va, se va, se va y se fue! ¡home run! ¡hermoso cuadrangular solitario! Los Tecolotes colocan su primer carrera en el marcador.

No quiero olvidar el nombre de mis hijos, pero a veces los confundo a todos. Andrés, ese niño con sus ojos hundidos y sus labios tan azules. ¿O se llamaba José? Uno de ellos tuvo una caja blanca y su bendición católica. Su primer juguete fue un bate de béisbol, pero él sólo sabía de enfermarse. Tal vez le decíamos Pedro o Pancho. Ninguno llevaría el nombre de Gallo.

No quiero olvidar el nombre de mis hijos. Quiero recordar… Llueve. Marcia vuelve a observar los juncos desde la venta.

Tres y dos en la cuenta del cuarto bate del equipo de casa; ¡viene el batazo, la bola se eleva hacia el jardín izquierdo! ¡Va a ser doblete! ¡Vienen los corredores! ¡El tiro para home! ¡Está entrando una! ¡Dos carreras, dos carreras! ¡Esto se ha empatado! Ha empezado a llover y el ampáyer dialoga con los coaches en la loma del diamante. Parece que esta lluvia puede cancelar el juego de este emocionante final de play-off.

La lluvia nos ahoga. Ahora todos volvemos al centro de la casa. Viene Gallo con la lengua hambrienta y esa olla que no termina de silbar. No hay cena. Ya Marcia atenderá a su padre y se hará cargo como siempre. No hay cena, no hay un animal que alimente la llaga del instante, esa hendidura que hiere este preciso momento donde todos volvemos al centro de la casa. Pobre Gallo, aquí va de nuevo. Enciende el televisor.

Se preparan los peleadores a 9 rounds. Y aquí viene desde el barrio bravo de Tepito, el Campeón Mundial peso Gallo, Carlos “El Cañitas” Zárate…

Aún me faltan cosas por olvidar, la silla, el plástico duro sobre la mesa, la química en mi cerebro, olvidar que el agua entrará en unos minutos por la puerta. Recordar los nombres de mis hijos. Adelante y atrás, adelante y atrás, aún me faltan cosas por olvidar, adelante y atrás, adelante y atrás, la mecedora tiene un rumor de agua…

No se olvide que ¡La cerveza es… Corona!