La música indígena en el Nuevo Santander (III)

Foto: Fuente IQCA

Francisco Ramos Aguirre

 

La música indígena en el Nuevo Santander (III)

 

III. DANZAS Y DANZANTES

Los habitantes del antiguo territorio que hoy ocupa Tamaulipas no fueron ajenos a la expresión cultural de la danza. Como hemos dicho, este tipo de manifestaciones se relacionaban con aspectos rituales y la guerra. Uno de los ejemplos son los mitotes citados por fray Vicente de Santa María y Alonso de León. Otro misionero que nos marca los usos y costumbres de los indios de esa época es fray Marcos de Mena en 1553:

…cerca de la desembocadura del río Las Palmas, actualmente río Soto La Marina. Los indios, que acababan de matar a las mujeres y a los niños de los náufragos españoles, ‘se pusieron a tocar una triste música, ejecutando sus danzas y sus bailes por la victoria que habían logrado’. Esta fiesta seguramente incluía una danza de escalpación, pues los trofeos de cabelleras son testigos en uno y otro lado de la frontera señalada por los ríos Pánuco y Tamuín.

En su peregrinar por las villas santanderinas, José de Escandón fue testigo de la manera como los grupos indígenas se manifestaban socialmente ante los colonizadores. El antropólogo francés Guy Stresser Pean documenta que en mayo de 1749, mientras el conde de Escandón se encontraba acampando en Horcacitas, cerca del Arroyo del Cojo, fue recibido por una comisión de indios mariguanes, quienes le ofrecieron toda clase de facilidades ‒alojamiento y comida‒ para su estancia en esta región:

Escandón los trató cordialmente, repartiéndoles una buena cantidad de regalos constituidos por vestimentas, artículos de mercería, tabaco, cuchillos y machetes, observando de paso que eran estos últimos objetos, los más deseados por ellos. A cambio, les pidió abrir un camino que permitiera ir a Soto La Marina y Santander (Jiménez), cosa que ellos prometieron hacer. Escandón pasó con los indios esa noche, durante la cual fueron ejecutadas alegres danzas; y por fin, a la mañana siguiente se realizó un reconocimiento de la ubicación de las antiguas minas.

Debemos considerar que las músicas y danzas religiosas del caballito y de a pie que practican numerosas cuadrillas de mujeres y hombres en la región del ex-Cuarto Distrito: Tula, Miquihuana, Palmillas, Jaumave, Bustamante y algunas poblaciones de Nuevo León, entre ellas, Mier y Noriega, conservan elementos culturales derivados de la época colonial. Sin duda alguna, esto revela la presencia indígena entre los grupos poblacionales, descendientes de pames, pisones y janambres, quienes, a través del colorido vestuario, accesorios ‒corona, macana y brazalete‒, así como determinados utensilios musicales como el violín, sonaja tambora y guitarra, le imprimen un sentido estético y cultural en las festividades patronales católicas.

Algunos de los sitios más importantes donde se practican esta clase de danzas, son Mamaleón y Valle de Cieneguilla, pertenecientes al municipio de Tula, Tamaulipas. Cada mes de mayo, esta comunidad celebra la fiesta de La Entrada de la Cera, para rendir culto a la Virgen María. Igual sucede con los cuadros de danzas tradicionales que se organizan para el pago de mandas a la Virgen. Por su raigambre y tradición, son de particular importancia las fiestas religiosas en honor al Cristo Maicero del Dulcísimo Nombre de Jesús, en San José del Llano en Miquihuana, lugar en donde merodeaban algunos grupos indígenas.

Una de las fiestas más tradicionales de Palmillas es la relacionada con el Día de la Santa Cruz, cada tres de mayo. Por tal motivo, la presencia de la Danza del Caballito es imprescindible. Para ello, se cuenta con la participación de mayordomos, danzantes y el célebre viejo de la danza, el único portador de máscara. Los grupos danzantes se concentran en el atrio de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Al mismo tiempo, dos ejecutantes de violín y guitarra interpretan sones correspondientes al tipo de baile que se práctica; entre ellos, destacan: El Minuete, género que arribó a México durante la Colonia; el Son del Matehualeño, alusivo a la ciudad potosina y El Son del Torito.1 Respecto a esta pieza relacionada con la danza del torito, existen otras versiones en Oaxaca, Sinaloa, Guanajuato y República del Salvador.

La ceremonia para la Adoración de la Santa Cruz, que inicia desde finales de abril hasta el 15 de mayo; así como las diversas procesiones, entre ellas la de San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, entre otros motivos tiene la función: “…de aclamar su intervención para favorecer las lluvias sobre los cultivos, que por ese tiempo se inician.” Bajo estas circunstancias, entendemos que, desde tiempos remotos, los usos de las danzas antiguas, cubren una función importante,

relacionada tanto en el ámbito religioso, como en el aspecto productivo. En este caso con la agricultura de subsistencia y alimentación de los pueblos mexicanos.

Respecto de las danzas de a pie y el caballito del Cuarto Distrito tamaulipeco, el etnomusicólogo y especialista en música mexicana, Fernando Nava López, aporta interesantes datos para su estudio, desde la perspectiva y clara explicación académica:

La danza de referencia parece derivar de aquel complejo ciclo “Moros y Cristianos” aunque en el repertorio de sones que se bailan no figura alguno de carácter bélico. Nos presenta en sus personajes a un monarca o Moctezuma, la Malinche (interpretada por una joven de doce años, con un pañuelo rojo para prevenir el mal de ojo), un Capitán, los Guerreros (que llevan corona con espejos, un mandil con cascabeles ‒antes eran de serpiente‒ al igual que el monarca) y un viejo que hace las funciones del tradicional huehue (único que lleva máscara). La manifestación tiene una complementaria: la danza de “caballería” o “de a caballo”. Es probable que anteriormente se tratase de una sola danza donde se enfrentaban los conquistadores “a caballo” y los paganos “a pie”.

De acuerdo con los datos mencionados, el uso y costumbre de los cascabeles en las danzas rituales y religiosas es muy antiguo, tanto en la zona norte, como en el centro y sur de Tamaulipas. Por ello, representan un elemento tradicional para la ejecución de sonidos propios de los bailes. A las fuentes documentales referidas, sumamos la opinión de Joaquín Meade, uno de los huastecólogos de mayor prestigio, quien realizó un viaje a Tula, donde documentó la pirámide de Tamapul, mejor conocida entre los pobladores como Cuitzillo. El investigador documenta, una serie de objetos de cerámica, recolectados en este sitio, entre ellos algunos cascabeles de cerámica.

Como podemos apreciar, el baile y la música tenían simbolismos espirituales entre los indígenas de la ladera occidental del Golfo de México. En correspondencia a los beneficios obtenidos de los dioses, los huastecos agradecían dicho gesto con danzas y música. Gabriel Saldívar dice que había una danza dedicada al dios de la lluvia. Consistía en una ronda, en la cual se colocaba al centro un hombre cargando sobre sus espaldas una olla, es decir, el recipiente donde se concentraba el agua. La danza era acompañada por un teponaztli, huéhuetl y una especie de clarín o trompeta para producir ruido. Habla también de la danza de los voladores, similar a la que practican los voladores totonacas de Papantla. En otras danzas autóctonas, los ejecutantes se disfrazaban de animales y bailaban alrededor de una fogata.

El huéhuetl lo importaron de los mexicanos: consistía en un cilindro hueco de madera, de casi un metro de altura, con un parche de venado o tigre y se tocaba con las palmas de las manos…las flautas eran de barro, madera o carrizo con cuatro agujeros que producían cinco sonidos. Trompetas de arcilla, sonajas, cascabeles y carracas de diversos materiales aumentaban el instrumental rítmico de las danzas. Con este instrumental la música que producían era de mayor fuerza rítmica que melódica.

Se conocen trozos literarios traducidos al mexicano, y producciones mexicanas hechas a semejanza de los huaxtecas; los primeros son cantos quejumbrosos de los cultivos implorando a los dioses, las segundas son piezas oratorias dedicadas a los señores, en que ponderan grandezas y valor heroico.

Definitivamente, la música indígena, es una pequeña pieza del rompecabezas en el proceso, conformación de la identidad tamaulipeca y patrimonio cultural. Respecto de este período histórico, sobreviven en la memoria colectiva, el huapango y danzas tradicionales religiosas que aún se ejecutan en los atrios de los templos católicos construidos en las villas. En este sentido, durante la década de los ochenta del siglo pasado, el gobierno del doctor Emilio Martínez Manautou estableció un modesto programa de rescate y difusión sobre la música y danzas indígenas en la entidad, aunque lamentablemente sin el registro de grabaciones de campo. Más bien, esta inquietud se reflejó en la publicación de una agenda donde se mencionan algunos pormenores de las tradicionales danzas en la región del entonces llamado Cuarto Distrito.

Para cubrir este vacío fonográfico, recientemente un grupo de alumnos y profesores de la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, desarrolló un proyecto de rescate de las músicas relacionadas con las danzas de a pie y de a caballo en el municipio de Palmillas. Producto de esta investigación se grabó un disco donde aparecen los sonidos correspondientes a las danzas. Por su parte Fernando Nava López, durante una investigación de campo, registró una serie de partituras sobre la cultura dancística de Tula. Esto, sin lugar a dudas, representa el complemento del trabajo que ambos equipos realizaron por separado. Dichas investigaciones revelan que las aptitudes interpretativas de la música han trascendido a través de las centurias.

Definitivamente, todavía existe mucho por escribirse acerca de los orígenes musicales del noreste mexicano, en especial sobre Tamaulipas. Desde luego, este ensayo basado en fuentes documentales secundarias y una que otra primaria, representa únicamente una breve reseña general para facilitar su estudio. Queda claro que en la entidad, existe un pasado musical que se refleja en el presente. Los

sones huastecos, corridos, danzas religiosas y pastorelas son un vivo ejemplo de la importancia de la música para los antiguos habitantes del territorio que actual

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