SIN TAMBORES NI TROMPETAS

Ilustración: JULIA GARCÍA

Emilio Benavides Osorio

 

¿PODRÁ SER?

Podrá no haber poesía, pero siempre habrá poetas…

 

I.- En una reciente reunión de funcionarios del ESPACIO CULTURAL METROPOLITANO de Tampico con algunos de los involucrados en la Cultura tampiqueña, en específico creadores de teatro, danza y música, surgió en forma casual, por tímida, el problema de la obligatoriedad del apoyo a la cultura por parte del Gobierno. Dicho apoyo, si bien es cosa aceptada por todo mundo sin problemas, en la práctica se ha ido reduciendo de un tiempo acá, con la justificación de los recortes presupuestarios derivados de la crisis endémica que padece el país.

Este problema en realidad pasaría casi desapercibido por las grandes mayorías que no sólo no se preocupan de la cultura, como no sea la cultura del deporte y la de las telenovelas, sí adquiere, en cambio, cierta resonancia en el ámbito particular de lo que se nombra medio cultural. En nuestro medio, el término cultura está directamente relacionado con la palabra dinero, y en lo particular con la palabra METRO, actual espacio para la presentación de creaciones artísticas y de cualquier otro género siempre que produzcan rendimientos.

Esta vez la nueva administración del METRO notificó en la reunión con los creadores sobre algunos cambios de las reglas para facilitarles el teatro experimental (Al gran teatro del METRO los grupos locales, curiosamente llamados “compañías”, en la realidad difícilmente tienen acceso como usuarios).

Creo que no es el caso de poner aquí la lista completa con las nuevas reglas, sino únicamente la que interesa resaltar, relativa a que se dio de baja el programa Lunes de Teatro, que permitía al grupo artístico participante la realización de una breve temporada de presentación de su evento durante los lunes consecutivos de un mes (cuatro y a veces cinco). Ahora, de acuerdo con el nuevo programa llamado Jueves del METRO, el grupo participante, en el caso de ser favorecido, contará no con un mes, sino con una sola oportunidad en el mes que le toque, para presentarse en el llamado Teatro Experimental del METRO, aparte de que se obliga a vender los boletos de su presentación.

Para justificar la cancelación del programa Lunes del METRO, se mencionaron, aparte de los problemas relacionados con la falta de dinero por parte del estado, el hecho de que en dicho programa se daban casos de grupos que realizaban sus cuatro o cinco presentaciones con un promedio de ocho espectadores por cada una de ellas. El gasto que significa para el METRO el uso del Teatro Experimental, se dijo, es muy alto con relación a la entrada en dinero de una de esas funciones. El METRO no cuenta de hecho con presupuesto no solamente para sostener este tipo de programas, sino que ni aun para las cosas más urgentes, imposibles de soslayar (papel del baño, etc.) Esto provocó, además de risa, cierta respetuosa inquietud entre los presentes. Hubo, incluso, quien dijo preferir que el nuevo programa fracasara y se volviera al anterior de los 4 o 5 lunes del mes. Al final de la reunión, como diría cualquier cronista deportivo, todo quedó en un empate técnico, aunque supongo que el programa Jueves del METRO se mantendrá vigente, y que no faltarán quienes soliciten su inclusión en él, ya que el espíritu teatrero, cuando se le cierran las puertas, se suele colar por las rendijas.

II.-El apoyo a la cultura es una obligación de las instituciones. Una política cultural debe de formar parte, naturalmente, del presupuesto. Las personas que desean manifestarse por medio de las artes, en su mayoría pertenecen a la clase media baja en la actualidad, ya que en niveles económicos altos las opciones de “entretenimiento” son tan variadas y sugestivas que materialmente enajenan a quienes pueden pagarlas, como para dedicar su tiempo libre al sacrificio que significa el arte en sus diversas manifestaciones. Esta anómala situación hace que la mayoría de pobres, para decirlo con claridad, que conforman las filas de aspirantes a la cumbre del “artistato”, difícilmente puedan descubrir sus posibilidades de aspirar a él, menos aún sin el apoyo económico de las autoridades, o de algunas otras instancias de la iniciativa privada, obligadas también, aunque sea moralmente, a buscar un cambio positivo de la realidad que padecemos.

En referencia particular al teatro, en la actualidad la mayoría de las personas que lo practican trabajan en un nivel de subsistencia en el que no cuentan con los mínimos recursos para desarrollar campañas publicitarias semejantes a las de las obras del teatro comercial: obras infantiles o comedias con estrellas televisivas en sus repartos, que atiborran nuestra programación provinciana en la actualidad.

Por lo menos, hasta donde sé, en relación al arte es costumbre aceptada, que no requiere de título o diploma cualquier ciudadano para autonombrarse poeta, pintor, escritor, director de teatro, etc. Esta costumbre no deja de influir en la cultura y sin duda, debe ser tenida en cuenta a la hora de discutir los problemas de la calidad de las artes en nuestra localidad. Se puede decir que tenemos el arte que merecemos, y eso, desde mi punto de vista, no debe influir para dar o quitar apoyos económicos oficiales a aquellos que las mismas autoridades culturales definen como “creadores”.

Si nuestro bajo nivel cultural es el que justifica la desatención oficial para el teatro que se hace en la localidad, según se sobreentiende al dar preferencia el METRO al teatro profesional, al mismo tiempo que ponen barreras al teatro amateur, que sin ninguna duda es el que requiere la atención del estado para sobrevivir. Extraña por cerrada esta posición de nuestras autoridades. El cambio que se quiere lograr no será completo si se olvida a estos ciudadanos cuyas necesidades de apoyo no son diferentes a las de aquellos que se encuentran en pobreza extrema. La mayoría de nuestros artistas no pueden vivir de su arte, si no tienen un trabajo que nada tiene que ver con sus aspiraciones y que siempre es un obstáculo para su desarrollo pleno. Los locos que se dedican de tiempo completo a perseguir su sueño o se frustran e ingresan a las largas filas de la indigencia artística o tienen un papá rico.

Peter Brook escribe en el párrafo inicial de su libro El espacio vacío, publicado en 1968:

Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral. Sin embargo, cuando hablamos de teatro no queremos decir exactamente eso. Telones rojos, focos, verso libre, risa, oscuridad, se superponen confusamente en una desordenada imagen que se expresa con una palabra útil para muchas cosas. Decimos que el cine mata al teatro, y con esta frase nos referimos al teatro tal como era cuando nació el cine, un teatro de taquilla, salón de descanso, asientos con bisagra para permitir libremente el paso del público, candilejas, cambios de decorado, entreactos, música, como si el teatro fuera por propia definición esto y poco más… si el buen teatro depende de un buen público, entonces todo público tiene el teatro que se merece…

Y renglones arriba, estas palabras dignas de ser tenidas en cuenta por los teatreros: el teatro mortal cava su propia fosa. Aunque en este caso no es justo que sean las propias autoridades las que nos ayuden a cavarla y ni siquiera nos presten el pico y la pala.

Para empezar el cambio, por nuestra parte, podemos mejorar la calidad de nuestro trabajo artístico. Merecemos un mejor público y un mejor teatro… y unas autoridades que ayuden a resolver el problema, no a agravarlo.