MATERIAL DE SUEÑOS

Foto: Fuente Internet

Roberto González Elizalde

 

POR LA RUTA DEL POEMA

 

I

¿Acaso la vida sin amor tiene razón de ser?, se lamenta Everett tras ser rechazado, una vez más, por Marie. Su pregunta no halla respuesta entre los asiduos al bar. Barry, el dueño del lugar, sólo lo observa desconcertado. Paterson permanece atento a su tarro de cerveza, impasible; con el mismo aplomo con el que conduce su autobús. “Cuánto depende/ de una carretilla roja/ reluciente bajo el agua de lluvia/ junto a blancas gallinas”, dice William Carlos Williams en uno de sus poemas. Eso inasible, innominable, eso que tanto depende, tendría que ser la razón de todo. Everett no comprende que la pregunta es otra: ¿Acaso la vida sin poesía tiene razón de ser?.

II

Paterson, el conductor del autobús, es como el agua de las cataratas Passaic. Fluye, avanza, su naturaleza es ir hacia delante. Escucha hablar sobre ligues, escucha las desgracias incesantes de su jefe, escucha a Barry hacer una arqueología de los famosos nacidos o que han pasado por Paterson, Nueva Jersey. Paterson, el operario, no juzga. Es. Con la simple complejidad que eso conlleva. Y por ser solamente logra dejarse llevar por los pequeños hechos cotidianos: una caja de cerrillos bellamente ilustrada, una canción de su infancia, su amor por Laura.

III

Si Patterson es vigor mesurado, Laura es explosión: la búsqueda constante de la expresión creativa, la única que parece darle sentido al mundo. Por qué ser sólo una diseñadora si se puede ser también una repostera, una cantante de country. Laura es la reivindicación de la reinvención constante de la identidad; Patterson es la reivindicación del silencio como espacio de lo posible. Los dos son la exaltación de la vitalidad. Laura y Paterson son los últimos románticos.

IV

De entre todos los diálogos de pasajeros que Paterson escucha durante su jornada, llama la atención el protagonizan unos jóvenes muy jóvenes hablando sobre un anarquista de principios del siglo XX nacido allí, en Paterson, Nueva Jersey. ¿Tú crees que existe algún otro anarquista suelto en Paterson?, pregunta el muchacho. Nadie más que nosotros, responde la chica con desparpajo. Se levantan, bajan en la parada correspondiente. Paterson observa el camino. Piensa en las cataratas Passiac, piensa en poesía. ¿Podría existir un acto más anarquista en la era contemporánea que vivir la vida sobre la ruta del poema?

Pero…

V

¿Acaso construir la vida desde el entramado de la poesía, como la plantean los personajes principales de esta película, no deviene en alejarse del mundo del que precisamente la poesía forma parte? ¿Si ya no hay anarquistas, en verdad es suficiente con que existan poetas para transformar la realidad conocida? La calamidad que comete el perro Marvin le viene a recordar a Paterson la fragilidad de todo.

VI

En el último acto de la película, Paterson piensa un poema cuya línea final es una pregunta, la cual valdría la pena planteársela a Jim Jarmusch: ¿Preferirías ser un pez?