La Terraza

Foto: Miguel Ángel Camero

Esta columna pretende ser una compilación de escritos sobre lo que leo, lo que pienso, sentada en la terraza de mi jardín.

 

Rebecca Bowman

 

THEFT BY FINDING; DIARIES 1977-2002

Mi hijo me regaló un libro, Theft by Finding, una selección de entradas de los diarios de David Sedaris. Anoche no pude dejar de leerlo. Funciona como una buena Künstlerroman (novela de artista) en la que se observa de cerca la sensibilidad de un artista, la incertidumbre de un joven que todavía no halla su rumbo, la creciente vocación de un escritor que en este caso pasa horas y horas sentado en un ihop leyendo, observando a los demás y escribiendo.

En el prólogo, Sedaris explica que estos textos, escritos durante veinticinco años, no pretendían tanto registrar su vida diaria sino captar algunos momentos que le llamaron la atención. Casi todas las entradas son hallazgos de un día o de otro, pequeñas escenas de su vivir.

Da esperanza ver cómo Sedaris, con sus asiduas lecturas, con su constante escritura, logra formarse como artista y se va transformando de una persona tachada de estar “rotting in an apartment next to an ihop” (pudriéndose en un departamento al lado de un ihop) a una de las voces más conocidas de su generación.

Al sopesar el tomo y la amplia producción de Sedaris recuerdo a David Foster Wallace, que también escribía de lo absurdo, pero en cuya escritura se detecta aún mayor angustia y mayor perspectiva, y pienso en cómo el humor tiene en su fondo una gran tristeza, un gran pesimismo. Por eso no sorprende ver cómo Sedaris, cuya obra es casi siempre humorística, se asoma en sus diarios a un hondo pozo de dolor. Capta la miseria y la turbiedad de su medio. Pinta un mundo celinesco en donde los cuerpos son mutilados y repugnantes, las relaciones violentas, los hijos descuidados, maldecidos, en donde la pareja peleada tiene que portarse bien ante la policía para no caer en una desgracia mayor. En su trabajo de obrero Sedaris topa con el racismo, el sexismo y la vulgaridad. Muchos de sus roces con los demás suceden con pordioseros exigiéndole dinero y cigarros, con agresores que sospechan su homosexualidad. Aunque a menudo el tema es lo deforme, lo feo, lo cruel, el tono de Sedaris es ligero y muchas veces cómico. Toca lo que ve, lo registra, pero no se detiene para lamentarlo, aunque en ocasiones sus palabras tienen un dejo de indignación.

Un pasaje, el más emotivo del libro, es cuando el papá de Sedaris, recién enviudado, saca las películas familiares y pasa y vuelve a pasar una escena en donde aparecen él y su esposa. El papá mira la imagen de su esposa, la imagen de él y ella dándose un beso, y hace con la mano un gesto que revela la pérdida colosal cuando alguien enviuda.

Sospecho que, a veces, Sedaris elabora: mejora su propia actuación, se jacta de hacer comentarios que son tan atinados que parecen inverosímiles. Pero en su momento el diario era para él mismo, y no sospechaba que fuera a leerlo otro. Las raras caídas en lo que parece ser deshonestidad son algo que hacemos todos, porque ¿quién es honesto consigo mismo?, ¿quién, a la hora de recordar sus propios actos, no se convierte un poco en héroe, en inteligente, en sabio?

Llega un momento al leer el libro en que hay una repetición de eventos similares, cosa explicable, pues era cuando el escritor estaba persistiendo en su vocación y su vida no ofrecía muchos cambios. Al seleccionar sus entradas, Sedaris permite esta monotonía, y me pregunto si es a propósito, para hacernos ver que lo deforme, lo feo no es fenómeno sino algo normal.

Con el tiempo, la vida de Sedaris va mejorando, aunque sigue siendo víctima de pordioseros y de estafadores y sigue atrapado por lo grotesco. Termina con departamentos en Londres, París y Nueva York, con una pareja a quien amar, con dinero que gastar y como quiera pasa sus días matando moscas y dándoselas a las arañas que habitan su departamento. Se advierte que los escritos que aparecen en las últimas entradas bien podrían ser nuevos ensayos suyos, que el mejoramiento no es sólo en lo material de su vida sino en cómo va afinando su técnica. Tal vez hay otros escritores sentados en otros ihop, en otros cafés, que jamás llegarán a vivir de sus escritos, cuyos escritos no mejorarán con el tiempo. ¿Importa? Quién sabe. No es mala vida tomarse un café, leer, garabatear algo…

Señala mi hijo que, al final del libro, las entradas de los últimos años, cuando ya vendía muchos libros, no muestran tanta solidaridad con los pobres como ocurre con las primeras, que se siente que el autor ha “sold out”, que ha dejado de ser comprometido. No sé si al principio las entradas enfocadas en la miseria no eran puramente circunstanciales, tal vez su vida en ese tiempo, por ser alguien de pocos recursos, simplemente coincidía con la de los que menos tienen. Y aun en el prólogo, Sedaris se burla de aquel diarista que escribe “el diario que piensa que debe escribir” y que quizá sería mejor meditar sobre el fondue. Me pregunto si no es ésta una actitud derrotista. Leo las entradas cuando ya hace giras publicitarias para promover sus libros, comparo su actitud con la actitud intencionalmente provocativa, retante de Bukowski durante sus lecturas, y veo que la posición de Sedaris ante el mundo es muy diferente. Aun así, el Chicago y el Raleigh que describe Sedaris es una Norteamérica que yo desconozco. Me hace bien conocerla.

En cómo no imita un Künstlerroman este libro es en que al final el artista no termina en un rechazo a lo que es la vida cotidiana para jactarse de un existir elevado, sino que nos enseña que nuestras angustias nos siguen adonde sea, y que apuntar los detalles de un día es un ejercicio valioso.

Leer el diario de alguien, observar qué elige ver, qué elige registrar en un día, es revelador. Es mirar el mundo a través del filtro de otro, entendiendo así el mundo más y también más al autor. Llega un momento, cuando uno lee un buen diario en el que el lector siente gratitud porque el que lo escribió se tomó la molestia de grabar lo que hizo y lo que vio sin permitir que escapara al olvido. Así, en este momento agradezco a Sedaris por compartir con nosotros su vida y su mundo.